Una web sin mantener acaba rompiéndose o siendo atacada. No es alarmismo comercial: es lo que pasa cuando un programa lleva año y medio sin actualizar. El mantenimiento es opcional, lo cancelas cuando quieras, y si prefieres hacerlo tú te explicamos cómo.
Los programas que hacen funcionar tu web publican actualizaciones constantemente, y muchas tapan agujeros de seguridad que ya son públicos. Una web sin actualizar no es vulnerable en teoría: está en listas que se rastrean solas.
Una web que llevaba dos años sin tocar, que un día empieza a llevar a una página de apuestas, y que no tiene ninguna copia anterior al problema. Recuperar eso cuesta más que años de mantenimiento.
No automáticas. Esa es la diferencia entre una actualización que tumba la web un domingo y otra que se comprueba antes de aplicarla.
Guardada fuera del servidor, para que si el servidor es el problema la copia siga estando. Si algo se rompe, se vuelve atrás y queda como estaba.
Un horario, un precio, un texto. Lo que se salga de ahí se presupuesta antes de hacerlo, para que no haya facturas sorpresa.
Para que sepas exactamente qué pagas: qué se actualizó, qué se revisó y qué se cambió. Nada de cuotas que nadie sabe qué cubren.
No hay permanencia ni penalización: el mantenimiento se renueva mes a mes y basta con avisar con treinta días para cerrarlo al terminar el periodo ya facturado. Preferimos que sigas porque cada mes te compensa, y por eso te mandamos el informe: para que veas exactamente qué has pagado.
Escríbenos y te responde una persona, no un robot.
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