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Globo terráqueo sobre dos servidores, en naranja sobre fondo negro: dominio, alojamiento y correo

Antes de que haya nada que ver, una web necesita tres cosas contratadas. Son baratas, se tarda quince minutos y sin embargo es donde más gente se enreda, sobre todo si deja que lo haga otro «para no complicarse».

El dominio: tu dirección

Es lo que la gente escribe para llegar a ti. Cuesta entre 10 y 15 € al año y se renueva solo mientras lo pagues.

Dos decisiones y ya está. La primera, qué extensión: en España, el .com sigue siendo la primera opción y el .es funciona igual de bien si tu negocio es local. Se pueden tener los dos y redirigir uno al otro, que es lo habitual. La segunda, qué nombre: corto, fácil de dictar por teléfono y sin guiones ni números, que se pierden cuando alguien te lo dice de viva voz.

Y una advertencia que vale más que todo lo anterior: el dominio tiene que estar registrado a tu nombre o al de tu empresa. Si aparece a nombre de quien te hizo la web, esa persona es la dueña de tu dirección. Suena exagerado hasta el día en que quieres cambiar de proveedor.

El alojamiento: dónde vive

El hosting es el ordenador encendido las 24 horas donde están tus archivos. De 60 a 200 € al año para una web pequeña.

Lo barato sale caro aquí, y de una forma muy concreta: una web lenta pierde visitas antes de que carguen. Si un servidor tarda tres segundos en responder, no hay optimización que lo arregle. Cuando compares, mira tres cosas: que los servidores estén en Europa, que incluyan certificado SSL sin coste y que hagan copias de seguridad diarias.

El SSL es lo que hace que salga el candado y que la dirección empiece por https. Hoy es obligatorio de hecho: sin él, el navegador avisa al visitante de que tu web no es segura, y ahí se acabó la visita.

El correo: el detalle que más dice de ti

Un correo con tu dominio —hola@tunegocio.com— cuesta desde 20 € al año y cambia cómo te ven. Mandar presupuestos desde una cuenta de Gmail o de Hotmail funciona técnicamente, pero comunica que el negocio es pequeño y provisional, tengas veinte años de oficio o dos.

Suele venir incluido en el hosting. Si no, se contrata aparte y se puede leer desde el móvil igual que cualquier otro.

Los tres errores que se pagan después

  • No saber a nombre de quién está nada. Es el más común y el más caro. Entra en el panel de tu proveedor y comprueba el titular y el NIF. Si no tienes acceso al panel, ese es el problema.
  • Contratar el hosting por tres años porque salía más barato. Si el servicio va mal, estás atado. El primer año, anual.
  • Dejar que el dominio caduque. Suena a broma y pasa constantemente. Activa la renovación automática y comprueba que la tarjeta guardada sigue viva.

El orden correcto

Primero el dominio, porque es lo único que puede estar cogido. Después el alojamiento, ya sabiendo qué dominio va a apuntar ahí. Y por último el correo, que se configura sobre los dos anteriores.

Si prefieres no tocar nada de esto, se puede contratar en tu nombre y darte los accesos desde el primer día: es lo que hacemos en cada proyecto, y está por escrito en las condiciones de contratación.