El formulario es el sitio donde una visita se convierte en cliente. Es también el elemento que menos se revisa de toda la web, y el que más se rompe en silencio.
1. Pedir demasiados datos
Cada campo que añades reduce los envíos. Para un primer contacto bastan tres: nombre, forma de contacto y mensaje. El teléfono, la empresa, el presupuesto y el «cómo nos conociste» se preguntan luego, en la conversación.
2. No decir qué va a pasar
«Enviar» no dice nada. Una línea debajo del botón —«Te contestamos en menos de 24 horas laborables»— sube los envíos porque quita la incertidumbre de mandar algo al vacío.
3. Errores que no explican nada
Si alguien se equivoca en un campo y el aviso sale arriba del todo en rojo sin decir cuál, la mitad se va. El aviso va junto al campo y dice qué falta.
4. No confirmar el envío
Después de enviar tiene que pasar algo evidente: un mensaje claro de que ha llegado. Si la página simplemente se recarga, la gente lo manda otra vez o piensa que ha fallado.
5. Que los mensajes no lleguen
Este es el grave y el más común. WordPress manda los correos desde el servidor, y los servidores de correo modernos desconfían de esos envíos: acaban en spam o se descartan sin más.
La solución es configurar un envío autenticado con un plugin de SMTP, usando tu propio correo. Y después probarlo: rellena tu formulario, mándalo y comprueba que llega. Hazlo cada pocos meses, porque esto se rompe solo.
6. Faltar el consentimiento
Un formulario que recoge datos necesita una casilla de aceptación de la política de privacidad, sin marcar, con el enlace a la política. Y si además vas a mandar publicidad, esa es una segunda casilla distinta.
Lo que sí conviene añadir
Un antispam discreto, mejor invisible que un captcha con semáforos. El teléfono al lado del formulario, porque mucha gente prefiere llamar. Y una alternativa por WhatsApp, que para bastantes negocios recibe más mensajes que el formulario.
La prueba de los dos minutos
Abre tu web desde el móvil, con datos y no con wifi. Rellena el formulario como lo haría un cliente. Envíalo. Mira si llega, mira si llega a la carpeta correcta y mira cuánto tardas en verlo.
Es sorprendente la cantidad de negocios que descubren así que llevan meses sin recibir mensajes que sí se estaban enviando. Si quieres que lo revisemos, escríbenos desde contacto: el nuestro sí funciona.