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Servidor naranja con luces crema sobre fondo oscuro con trama de puntos

Tu web son archivos: textos, fotos y código. Para que alguien los vea desde su móvil, esos archivos tienen que estar en un ordenador encendido todo el día y conectado a internet. Ese ordenador es el hosting, o alojamiento. Se alquila por meses o por años, igual que un local.

Qué es un hosting, en una frase

Es el espacio en un servidor donde vive tu web. El dominio es la dirección (tunegocio.es) y el hosting es el local al que lleva esa dirección. Son dos cosas distintas, se contratan por separado aunque a veces las venda la misma empresa, y conviene que las dos estén a tu nombre.

Los tipos que vas a encontrar

Compartido. Tu web comparte servidor con cientos de webs más. Es el más barato y, para la web de presentación de un negocio pequeño, suele bastar. El riesgo es que otra web del mismo servidor tenga un pico de visitas y la tuya lo note.

Hosting para WordPress. Es un compartido preparado para WordPress: caché, actualizaciones del sistema y copias de seguridad diarias. Por unos euros más al mes, ahorra bastantes disgustos.

VPS. Un servidor virtual con recursos reservados para ti. Tiene sentido cuando la web crece mucho o necesita algo especial. Alguien tiene que administrarlo, y ese alguien cobra.

Dedicado. Un servidor entero para ti. Para una web pequeña es como alquilar una nave para vender en un puesto de mercado.

Qué mirar antes de contratar

  • Servidores en Europa. Si tu web recoge datos de clientes, te simplifica el cumplimiento del RGPD.
  • Certificado SSL incluido y gratuito. El candado del navegador no debería costarte nada aparte.
  • Copias de seguridad automáticas, y que sepas cómo recuperarlas.
  • Soporte en español que conteste en horas, no en días.
  • Precio de renovación. Muchas ofertas son solo para el primer año; el segundo cuesta el doble o el triple.

Cuánto cuesta

Para una web pequeña, entre 60 y 200 € al año según el tipo y lo que incluya. Por debajo de eso suele haber trampa en la renovación o en el soporte. Por encima, estás pagando recursos que no vas a usar.

Si la web es estática, sin base de datos ni panel, el alojamiento que necesita es todavía más sencillo: no ejecuta nada en cada visita, solo entrega archivos.

El error más caro

Que el hosting esté a nombre de quien te hizo la web y no al tuyo. Mientras todo va bien no se nota; el día que cambias de proveedor, descubres que no puedes sacar tu web sin su permiso. Pide siempre que el contrato esté a tu nombre o, como mínimo, que conste por escrito que te lo entregan cuando lo pidas.

Si prefieres no pelearte con nada de esto, lo gestionamos nosotros: dominio, alojamiento y cinco cuentas de correo, con todo a tu nombre. Lo tienes explicado en todo lo de internet.